Qué es de mi que sólo mi vista fue testigo de tu aparición fugaz, mordaz. Meses incesantes de repentinos encuentros, incontables e imaginarios, sin nada más que tu sola imagen intacta en mi cabeza.
Quién dijera con la razón como compañera de piso, que fuera adecuada la forma en que te imagino, conmigo y en mí; fuera de lógica sentimental y de adecuada admiración.


